Los 6 lugares más impresionantes que debes visitar si viajas a Croacia

El pasado mes de agosto tuve el placer de conocer este maravilloso país de la península balcánica: Croacia. Mi amiga Judit y yo compramos dos billetes de ida a vuelta de Barcelona a Split, la segunda ciudad más grande del país después de su capital, Zagreb, y alquilamos un coche para los 13 días que duraría nuestra aventura. Nos propusimos recorrer de arriba a abajo toda la costa croata y algunas de sus islas, sin dejar de visitar sus famosos parques naturales. De todo lo que vimos durante nuestra ruta estos son los 6 lugares que más recomendaría a cualquier persona que visite esta sorprendente región, en orden del que más me impactó al que menos:

1. Parque Nacional de los Lagos de Plitvice

(En la foto principal) Es una visita obligada para cualquier persona que decida viajar a Croacia por su belleza, su espectacularidad y su gran estado de conservación. Este parque natural, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1979, fue candidato a convertirse en una de las siete maravillas naturales del mundo, y con razón. El parque está formado por 30.000 hectáreas que incluyen 16 lagos y 92 cataratas y cascadas.

La mejor forma de llegar es en coche, aunque también hay autobuses que salen de las principales ciudades del país. Si vas con tu coche, como fue nuestro caso, mi consejo es que madrugues y vayas bien temprano, especialmente si viajas en temporada alta (julio y agosto), ya que solo hay dos parkings y se llenan. Nosotras llegamos al mediodía porque encontramos atasco para venir desde Zadar (a 150 km) y los parkings ya estaban llenos, así que nos tocó dar unas cuantas vueltas hasta que por fin volvieron a abrir uno de los parkings. Si puedes, aparca en el parking 1 y accede al parque por la entrada 1, de este modo te encontrarás de frente con la joya de la corona: la gran cascada que, con sus 78 metros de altura, es la cascada más alta del país. Las vistas son espectaculares.

Con la entrada del parque te entregarán un mapa en el que vienen marcadas las distintas rutas que puedes hacer, dependiendo del tiempo que vayas a dedicarle a la visita y del nivel de dificultad: las rutas van desde un nivel muy básico (había incluso gente con carritos de bebés) hasta niveles de dificultad elevados. En el parque hay una cafetería, justo donde se coge el barco que te lleva al otro lado del lago, pero mi consejo es que te lleves una bolsa con la comida, elijas una ruta de unas 4 – 6 horas y pares a comer en alguno de los banquitos que se encuentran a lo largo del parque.

La única pega de este increíble paraje natural es que no está permitido bañarse, lo cual resulta muy tentador con las elevadas temperaturas que se alcanzan en verano y lo transparentes que se ven las aguas de sus lagos, pero gracias a esta medida consiguen que la limpieza y el estado de conservación general del parque sea envidiable.

lago plitvice
Uno de los 16 lagos que forman el Parque Nacional de Plitvice

2. Isla de Mljet

Su abundante vegetación, sus playas de arena fina, su Parque Nacional y el encanto de sus pueblos hacen de esta isla, de 37 km de longitud y tan solo 3 km de ancho, una de las más atractivas y paradisíacas del Mar Adriático. Mljet es una isla muy virgen, ideal para desconectar y para relajarse. La tranquilidad y la poca masificación turística son dos de sus principales caracteríticas. Aún así, en Mljet no hay sitio para el aburrimiento. Si buscas un poco de acción, hay varios planes que no te defraudarán, como por ejemplo la ruta en bici por el Parque Nacional de Mljet, la visita a la Cueva de Ulises o la visita a la playa de Adán y Eva.

Para más información sobre Mljet, no te pierdas el post 3 motivos para visitar Mljet, la isla más verde del Mar Adriático.

3. Dubrovnik

Conocida como la Perla del Mar Adriático, Dubrovnik (antiguamente llamada Ragusa), es la ciudad más turística del país con cerca de 20 millones de turistas al año. Y es que el encanto de esta ciudad, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1979, es innegable. Sus impresionantes murallas y sus calles de mármol nos recuerdan su larga historia, plagada de invasiones, guerras y desastres naturales.

Debido a sus pequeñas dimensiones, un día es suficiente para explorar a pie todos sus callejones y recovecos. En temporada alta puede ser algo agobiante debido a la gran cantidad de cruceristas que pasan el día en la ciudad. Aún así, merece la pena. Es muy recomendable recorrer sus murallas (aunque hay que pagar para acceder a las mismas) y, si tienes tiempo, coger el teleférico (Cable Car) que sube a la montaña Srd, para contemplar la ciudad desde las alturas. En el pico de la montaña se encuentra el Museo de la Guerra de los Balcanes, interesante para enterarte de una parte importante de la historia del país. Para bajar, puedes hacerlo también en teleférico o tomar un camino que baja haciendo zig zag por la montaña con unas vistas espectaculares.

Para salir a comer o a cenar por Dubrovnik hay infinidad de restaurantes de diferentes estilos, y en la mayoría de ellos se come muy bien. Si quieres probar algo exótico te recomiendo el restaurante Azur, que fusiona de forma magistral cocina mediterránea con cocina oriental a unos precios bastante asequibles.

4. Isla de Hvar

Hay tres aspectos clave que caracterizan esta isla: la fiesta, las playas y los campos de lavanda.

El pueblo de Hvar es el punto más turístico de la isla, del cual destacaría el centro histórico, la catedral de San Esteban y la fortaleza La Spanjola, como principales bienes de interés cultural. La fortaleza se sitúa en la cima de una colina que se puede ver desde cualquier punto del pueblo y, si tienes tiempo, merece la pena subir hasta ella para disfrutar de unas vistas preciosas.

Otra visita obligada si viajas a Hvar son las Islas Pakleni o Islas Paklinski, también conocidas como Islas del Diablo por la forma de tridente que configura el archipiélago. Para visitar este tesoro de la naturaleza tienes varias opciones: barco privado, excursión organizada o barco-taxi.

Para más información sobre cada una de las opciones y otros planes para hacer en Hvar, échale un vistazo al post Hvar, la isla de la lavanda, la fiesta y las playas de ensueño.

5. Parque Nacional de Krka

Cerca de 90 km (1 hora en coche) separan este precioso parque natural de Split. Aunque menos espectacular que los Lagos de Plitvice, el Parque Nacional de Krka es una visita que merece mucho la pena si estás en Croacia. La mejor época para visitarlo es en primavera, ya que hay menos turistas y la cantidad de agua que cae por sus cataratas es más abundante, sin embargo, la ventaja de ir en verano es que las temperaturas son más elevadas y puedes aprovechar para darte un baño en la zona que hay habilitada para ello. Cabe destacar que este es el único parque natural de agua dulce en todo el país donde está permitido el baño.

Para llegar al Parque Nacional de Krka, puedes contratar una excursión organizada o ir en tu propio coche. Si apuestas por esta última opción, como hicimos nosotras, tienes que poner en el GPS Skradin, que es el nombre del pueblo desde donde salen los ferrys que te llevan hasta las cataratas. En los alrededores de Skradin hay varios terrenos privados donde puedes aparcar por un módico precio. En la misma oficina de turismo del pueblo, que llama la atención por su arquitectura moderna, podrás comprar el billete del ferry, que incluye también la entrada al parque.

El viaje en ferry es un agradable trayecto de unos 20 minutos que puedes aprovechar para contemplar el paisaje mientras te tomas una Karlovacko (la cerveza más típica de Croacia). En cuanto bajes del ferry, verás que hay unos baños, unas tiendas de comida y souvenirs y, un poco más adelante un merendero-restaurante, donde nosotras comimos un pescadito bastante bueno y a un precio razonable.

Justo frente al restaurante, se alza majestuosa la catarata más grande del parque, Skradinski Buk. Hay que decir que en agosto el parque está lleno de gente y eso le resta algo de majestuosidad al paisaje, pero no por eso deja de ser impresionante. Mi consejo, si quieres contemplar el parque en todo su esplendor, es que te plantes en Skradin a las 8 h de la mañana para coger el primer ferry.

Tras darte un baño en la piscina natural que se forma bajo la catarata, puedes dar un agradable paseo por los caminos perfectamente señalizados del parque, donde además verás un pequeño museo que muestra cómo vivían los antiguos habitantes de la zona. Una vez recorrida esta área, es recomendable visitar la parte que se encuentra más al norte, donde hay otro conjunto de cascadas más pequeñas, Roski Slap, y la isla de Visovac, una pequeña islita en medio del río Krka con un monasterio franciscano del siglo XIV en su interior. ¡Precioso!

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Parque Nacional de Krka

6. Split

Split, con más de 200.000 habitantes, es la ciudad más importante de Dalmacia y la segunda más poblada de Croacia después de su capital, Zagreb, que se encuentra a 380 km.

Lo más impresionante de Split es sin duda el Palacio de Diocleciano, que se encuentra en el centro histórico, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1979. El emperador romano Diocleciano mandó construir este impresionante palacio en el siglo III con piedra caliza blanca procedente de la isla de Brac.

Otro punto de interés histórico es la Catedral de Split, San Duje, que originalmente había sido el mausoleo de Diocleciano y que en el siglo VIII fue reconvertida en catedral. Si quieres pagar la entrada, puedes visitar la catedral por dentro, subir a la torre y bajar a las catacumbas. En nuestro caso, preferimos explorar la ciudad antigua de Split y perdernos por sus callejuelas i recovecos.

Si después del paseo necesitas llenar el estómago, te recomiendo hacer una parada en el FIFE, una konoba (taberna en croata) muy concurrida tanto por autóctonos como por turistas que tiene una gran variedad de platos de comida típica de Croacia con una calidad aceptable y precios populares.

Pese a ser Split una gran ciudad, lo que es la parte antigua se visita bastante rápido. Si te sobra tiempo, una buena idea es subir al Monte Marjan, un gran parque forestal que forma una península al oeste de Split y desde donde pueden contemplarse unas vistas preciosas de toda la ciudad. Si prefieres estar cerca del mar, puedes darte un paseo por La Riva (el paseo marítimo de Split) o acercarte a la Playa de Bacvice.

Y estos son en mi opinión los 6 destinos que no te puedes perder si viajas a Croacia. ¿Los has visitado ya? ¿Cuál fue el que más te gustó? ¿Crees que me dejo algún destino importante? ¡Cuéntamelo todo en los comentarios!

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Hvar, la isla de la lavanda, la fiesta y las playas de ensueño

Hay tres aspectos clave que caracterizan la isla de Hvar (pronunciado Jfar), en Croacia: los campos de lavanda , la fiesta de música electrónica hasta altas horas y las playas paradisíacas de aguas turquesas. Otro aspecto destacable es el lujo, ya que muchos famosos y millonarios la eligen como destino vacacional y eso se nota cuando paseas por el puerto del pueblo de Hvar y contemplas los increíbles barcos que están ahí atracados. Pero más allá del lujo, también es posible disfrutar de esta maravillosa isla con un presupuesto ajustado. Te cuento cómo:

Cómo llegar

Si no eres de los afortunados que llegan a la isla en yate o en jet privado, puedes llegar principalmente de dos formas: en catamarán desde Split hasta el pueblo de Hvar o, si quieres llevar tu propio coche, en ferry, desde Split hasta Stari Grad. Stari Grad es un pequeño pueblo de pescadores al norte de la isla a unos 30 minutos en coche de Hvar. Nosotras elegimos esta opción porque queríamos recorrer un poco la isla con el coche, pero si piensas quedarte en el pueblo y visitar las Islas Pakleni, no es imprescindible llevar vehículo propio.

El pueblo de Hvar

El pueblo de Hvar es el punto más turístico de la isla, del cual destacaría el centro histórico, la catedral de San Esteban y la fortaleza La Spanjola, como principales bienes de interés cultural. La fortaleza se sitúa en la cima de una colina que se puede ver desde cualquier punto del pueblo y, si tienes tiempo, merece la pena subir hasta ella para disfrutar de unas vistas preciosas.

Para ver la puesta de sol, te recomiendo mucho que te acerques a alguno de los beach clubs que se encuentran en la parte norte de Hvar: Hula Hula Beach Bar, si quieres echarte unos bailes copa en mano mientras ves la puesta de sol, o Falko Beach Bar, si prefieres un ambiente un poco más relajado, tipo chill out.

Las Islas Pakleni

Otra visita obligada si viajas a Hvar son las Islas Pakleni o Islas Paklinski, también conocidas como Islas del Diablo por la forma de tridente que configura el archipiélago. Para visitar este tesoro de la naturaleza tienes varias opciones. La ideal en mi opinión, y si el presupuesto te lo permite, es alquilar un barco privado para poder ir a las islas menos concurridas por los turistas y poder moverte a tu antojo.

Como segunda opción, puedes contratar una excursión organizada que te lleve a varias de ellas. Estas excursiones además suelen incluir la visita a la Blue Cave y a la Green Cave que, según nos comentaron, merecen bastante la pena. La opción de las salidas organizadas puede ser un buen plan si vas con ganas de relacionarte y conocer gente nueva.

islas pakleni
Islas Pakleni

Para acabar, la tercera opción, y la más económica, es coger en el puerto de Hvar un barco-taxi que te lleve hasta alguna de las Islas Pakleni. Los barco-taxis son muy baratos pero tienen el inconveniente de que cada uno va a una isla, por lo que si quieres visitar varias tienes que ir y volver ciñéndote a sus horarios. De esta manera, como mucho, puedes visitar un par de islas en un día. Si te gustan las playas nudistas, sin ninguna duda, deberías decantarte por la isla de Jerolim. Elijas la isla que elijas, recuerda que para bañarte necesitarás unas cangrejeras, ya que la mayoría de las playas en Croacia son de piedras. Si no las llevas en el equipaje, no te preocupes; es algo fácil de encontrar en las zonas turísticas, por ejemplo, en el pueblo de Hvar.

cangrejeras
Cangrejeras (imprescindibles)

De fiesta por Hvar

Cuando cae la noche, Hvar se llena de fiesta. Tanto en el casco antiguo como a lo largo del puerto encontrarás un montón de pubs y clubs donde tomarte algo y bailar hasta altas horas de la madrugada. Pero el club de Hvar por excelencia es el Carpe Diem. La gracia de esta discoteca es que está ubicada en una de las Islas Pakleni, y un barquito que sale desde el puerto te lleva hasta allí (incluido en el precio de la entrada). La música que suena en Hvar, tanto en Carpe Diem como en la mayoría de clubs, es electrónica y dance comercial. Algunos llaman a Hvar la Ibiza del Adriático, pero creo que hay que salvar las distancias y que a esta isla de la costa dálmata le queda mucho para llegar al nivel de Ibiza, por lo menos en lo que a calidad musical se refiere.

Jelsa, o la cara más tranquila de la isla

Si lo que buscas en Hvar es un plan más tranquilo, te recomiendo que vayas a ver sus campos de lavanda, toda una experiencia para los sentidos, y alguno de sus pueblecitos con encanto, como por ejemplo Jelsa. Este pequeño pueblo de pescadores al norte de la isla, cerca de Stari Grad, está rodeado de preciosas playas de aguas turquesas que harán las delicias de los más exigentes.

En cuanto a la gastronomía en Jelsa, me gustaría destacar un restaurante donde, tanto el trato como la comida, fue de diez y nos dejó con ganas de repetir: el Artichoke. Se trata de un local moderno con una gran terraza en el paseo marítimo y su cocina es principalmente mediterránea. Al acabar de cenar, pídete un chupito de medica, un licor típico croata hecho a base de miel.

Si después de cenar te apetece una copa, en Jelsa tienes básicamente dos opciones: el Villa Verde, situado a tan solo unos pocos metros del Artichoke, nos llamó la atención por su nombre en español y nos sorprendió gratamente por la calidad del dj que pinchaba esa noche. La música era electrónica pero con mucha más clase que lo que habíamos escuchado hasta el momento en la isla. Si prefieres la música en directo, te recomiendo el Mojito, otro local con terraza situado justo a la otra punta del paseo marítimo y con un ambiente agradable y divertido.

¿Te han resultado útiles los consejos que ofrezco en este post? ¿Te gustaría saber algo más de Hvar? ¡No olvides compartir en tus redes y dejarme tus comentarios! Mil gracias 🙂

3 motivos para visitar Mljet, la isla más verde del Mar Adriático

Su abundante vegetación, sus playas de arena fina, su Parque Nacional y el encanto de sus pueblos hacen de esta isla croata, de 37 km de longitud y tan solo 3 km de ancho, una de las más atractivas y paradisíacas del Mar Adriático.

Para moverte por Mljet, vas a necesitar tu propio coche, ya que no hay transporte público en la isla. Lo mejor que puedes hacer si estás de ruta por Croacia, es llevarte el coche de alquiler en el ferry, que sale de Prapatno y llega a Sobra en un trayecto de unos 45 minutos. Para más información sobre horarios y precios de los ferrys, visita la web de Jadrolinija, la compañía que los opera. También tienes opción de llegar a Mljet desde otros puntos como Dubrovnik o Split, pero los barcos que salen desde esas ciudades no aceptan vehículos y tendrás que alquilar el coche allí, lo cual es menos recomendable porque los alquileres son más caros y los coches más viejos. Otra opción para moverse por la isla, especialmente por la parte norte, es en bicicleta, pero esta opción no es apta para todos los públicos, ya que es necesario tener una buena forma física.

Mljet es una isla muy virgen, ideal para desconectar y para relajarse. La tranquilidad y la poca masificación turística son dos de sus principales caracteríticas. Aún así, si buscas un poco de acción, hay varios planes que no te defraudarán y que son suficiente motivo para que la visita a la isla merezca la pena:

  • Ruta en bici por el Parque Nacional de Mljet. Este parque natural se sitúa al norte de la isla y está formado por dos lagos de agua salada (Veliko Jezero y Malo Jezero). En la entrada al parque, verás un puesto enorme de alquiler de bicicletas. Así como recorrer la isla en bicicleta me parece un poco locura si no eres un ciclista muy experimentado, la ruta por el parque natural es una actividad que recomiendo a todo el mundo, aunque no estés acostumbrado a montar en bici, porque el camino es bueno, sin grandes pendientes y el recorrido no es demasiado largo. Dentro del parque, hay varios restaurantes, por lo que no es necesario llevarse la comida de casa, aunque si te quieres ahorrar unas kunas (la moneda oficial de Croacia) tampoco es mala opción. Si visitas este parque después de haber visitado los Lagos de Plitvice no vayas con grandes expectativas, porque es mucho menos impresionante, pero lo bueno es que aquí, a diferencia de Plitvice, sí está permitido el baño y, por otra parte, está mucho menos masificado.
  • Visita a la Cueva de Ulises. Cuenta la leyenda que Mljet fue el lugar que sirvió como inspiración al poeta griego Homero para crear la isla de Ogigia en La Odisea, donde la ninfa Calipso tuvo retenido a Ulises durante 7 años. A la cueva de Ulises se puede llegar a pie desde el pueblo más cercano, Babino Polje, que se encuentra a unos 30 minutos andando por un camino de tierra. El efecto óptico cuando llegas a la cueva es realmente impresionante, ya que se ve un gran socavón dentro del mar. Una vez das la vuelta para acceder a la parte de la cueva que da al mar, te encuentras uno de los bares más hippies y más auténticos que he visto en mi vida, con una vista al mar espectacular. Al bajar llegarás a la zona de baño, con saltos desde diferentes alturas y acceso al interior de la cueva. Eso sí, no te creas que vas a estar solo, para lo tranquila que es la isla y el difícil acceso a la Cueva, nos pareció que había bastante gente.
Cueva de Ulises
  • Visita a la playa de Adán y Eva. ¿Conoces el programa de televisión Adán y Eva? ¿Ese en el que dos desconocidos empiezan a intimar como Dios les trajo al mundo en una playa paradisíaca? ¡Pues esa playa existe y está al sur de la isla de Mljet! Para llegar hasta ella, debes dirigirte con el coche a Saplunara, donde se encuentran las únicas playas de arena, y no de piedras, que encontramos en toda Croacia. Una vez aparques el coche, tienes que andar aproximadamente 40 minutos hacia el este bordeando la costa. Si no la encuentras, pregunta; es una playa bastante conocida en la isla por su aparición en televisión y probablemente tanto los autóctonos como otros turistas podrán guiarte hasta ella.

¿Te he convencido para que visites esta maravilla del Mar Adriático? Si ya has estado allí, ¿qué fue lo que más te gustó? ¿Hiciste alguna otra actividad diferente a las que explico en este post? ¡Cuéntamelo todo en los comentarios!

 

Dónde comer y beber en Edimburgo: los mejores sitios para ponerte las botas

Aunque lo cierto es que la gastronomía en el Reino Unido no goza de muy buena fama, si vas más allá del fast food, puedes descubrir sitios realmente buenos. La gastronomía escocesa, en particular, cuenta con platos de lo más sabrosos, ideales para combatir el frío de esos lares. También es cierto que, para cenar en un sitio bueno en Edimburgo, tienes que gastarte un poco más de dinero de lo que te gastarías en España, pero por lo menos un día merece la pena hacerlo. A continuación, voy a contarte cuáles fueron los mejores sitios que probamos en nuestro viaje.

Para desayunar

Si quieres empezar la mañana con energía, te recomiendo la taberna Luscious, en plena Royal Mile (Canongate, 261). Un sitio sencillo y bien de precio al que llegamos por casualidad y donde tomamos el mejor desayuno escocés de todo el viaje. Un desayuno escocés completo incluye huevos, bacon, salchichas, judías blancas en salsa de tomate, tomate natural, champiñones, tostadas, tatties (bollitos de patata) y black pudding (algo parecido a la morcilla) o haggis. El haggis es uno de los platos tradicionales de la cocina escocesa más reconocidos a nivel mundial, pero por su intenso sabor solo lo recomendaría a aquellos paladares amantes de las emociones fuertes. Normalmente se elabora a base de vísceras de oveja o cordero (pulmón, estómago, hígado y corazón) mezcladas con cebolla, harina y especias, y hervidas durante varias horas. Para acompañar este potente desayuno, nada como el té de Edimburgo, buenísimo e imprescindible para empezar bien el día.

Para comer o cenar

En este apartado, destacaría dos sitios que nos gustaron especialmente. Por un lado, un típico pub escocés muy cerca del Castillo de Edimburgo que se llama The Castle Arms (Johnston Terrace, 6). Una camarera española muy simpática nos recomendó que probáramos el haggis con salsa de whisky y el plato no decepcionó. Mi consejo es compartirlo entre dos personas, ya que el sabor intenso del haggis puede resultar un poco cargante. De este pub no solo nos gustó la comida, también destacaría el buen ambiente (una mezcla de escoceses y turistas), la decoración y, sobre todo, la buena música.

Pero si tengo que quedarme con un sitio para salir a cenar, tanto por la calidad de sus platos como por el excelente trato que dan a los clientes, ese es The Cellar Door (George IV Bridge, 44-46). Recuerdo que llegamos a este coqueto restaurante por pura casualidad, y bastante desesperados, después de que nos dijeran que no en unos cuantos porque estaban todos llenos (“Sorry, we are fully booked”, como dicen allí). Lo primero que nos llamó la atención del sitio fue la amabilidad de sus trabajadores, que te reciben con una sonrisa, y la atmósfera íntima creada por una iluminación tenue. Ofrecen una cocina típica escocesa pero con un toque moderno, con platos elaborados, creativos, sanos y hechos con productos locales. Nosotros pedimos un entrante para compartir y un plato principal cada uno (¡buenísimo el salmón!). Las cantidades no son excesivas, pero sí adecuadas para no quedarse con hambre. También cabe destacar una interesante oferta de cervezas y de whiskies. Nos llamó la atención que estos últimos los incluyen en la carta de postres.

Para tomar algo

Después de cenar, tienes dos opciones. Como plan tranquilo, te propongo tomar una Innis&Gunn Original (una de las cervezas más típicas de Edimburgo) o, para los más valientes, un whisky de la variada carta del Jolly Judge (7 James Court, Lawnmarket). Recuerda que los whiskies los sirven en vaso ancho y a palo seco (sin hielo, ni Coca Cola, ni nada) y, de hecho, es la mejor manera de apreciar todos sus matices. El Jolly Judge, situado en un close muy cerca de la Royal Mile, es un pub pintoresco y acogedor que te encantará.

Si te apetece algo más animado, no dudes en visitar alguno de los múltiples pubs con música en directo que hay por toda la ciudad, como el Whistle Binkies, con música en vivo hasta las 4 h de la madrugada entre semana y hasta las 6 h los fines de semana, o el Royal Oak, un sitio alternativo con un ambiente muy especial donde músicos profesionales y amateurs improvisan con creaciones únicas a lo largo de la noche.

Para catas de whisky

Para acabar, no puedes irte de Edimburgo sin visitar una destilería de whisky, ya que el whisky escocés, además de ser la bebida nacional por excelencia, es uno de los más famosos a nivel mundial. Si no dispones de muchos días para recorrer el país, mi consejo es que visites la destilería de Glenkinchie, que además de ser la más cercana a Edimburgo, ofrece un servicio de autobuses para llegar desde el centro de la ciudad. Es importante hacer la reserva con varios días de antelación, especialmente en temporada alta, ya que los autobuses suelen llenarse rápido. En esta destilería tienes dos opciones de visita: el Glenkinchie Tour (22 pounds), incluye el transporte, la visita guiada y la cata de 2 whiskies y el Flavour of Scotland Tour (26 pounds), que incluye el transporte, la visita guiada y la cata de 4 whiskies.

En caso de que seas amante de esta bebida pero no tengas la oportunidad de visitar una destilería, siempre te quedará la Whisky Experience (Castlehill, 354), en pleno centro de Edimburgo, que ofrece visitas guiadas (solo en inglés), audioguías (en español) y catas, además de albergar una tienda con más de 400 whiskies.

¿Has estado en alguno de los sitios que menciono en este post? ¿Qué te ha parecido? ¿Recomendarías algún otro sitio para comer o beber en Edimburgo? ¡No dudes en dejar tus comentarios!

Escapada a Edimburgo: descubre la ciudad más misteriosa del Reino Unido en 4 días

La pasada Semana Santa tuve la suerte de viajar a esta enigmática ciudad con mi chico. A él le apasionan las ciudades medievales y a mí me encantan las historias de fantasmas, por lo que Edimburgo parecía la conjunción ideal para satisfacer todas nuestras expectativas de unas vacaciones perfectas. Y no defraudó.

El viaje se nos complicó un poco en un inicio, ya que los vuelos directos a Edimburgo en esas fechas estaban demasiado caros y decidimos volar a Prestwick, el aeropuerto secundario de Glasgow. Como nuestro vuelo llegaba muy tarde, pasamos allí la primera noche, en un Bed&Breakfast súper acogedor que encontramos en Booking y que estaba muy cerca del aeropuerto. La mujer que regentaba el B&B nos hizo sentir como en casa. Nos dejó la llave en una maceta para que pudiéramos entrar por la noche y a la mañana siguiente nos preparó un desayuno típico escocés que nos dejó con la boca abierta (y la barriga contenta). Mientras desayunábamos se sentó un rato a charlar con nosotros y se ofreció a llevarnos en coche hasta la estación de tren. Aquí empezamos a entender la fama de amables que tienen los escoceses. De camino a la estación, nos contó que nosotros éramos sus últimos huéspedes, porque ya le había llegado el momento de jubilarse.

Pero vamos a lo que interesa: después de darnos un paseo hasta la playa de Prestwick con las maletas y todo, cogimos el tren, y en poco más de dos horas llegamos a Edimburgo. Para alojarnos elegimos un apartamento a las afueras de la ciudad que encontramos por Airbnb, que aparte de ser bastante económico nos daba total independencia y la posibilidad de cocinar en casa (aunque finalmente cocinamos más bien poco).

Lo que no puedes perderte en Edimburgo

4 días son suficientes para visitar Edimburgo si te organizas bien el tiempo. Para empezar, debes recorrer la Royal Mile, que es la calle principal de la Old Town y va desde el Castillo (en la parte más alta) hasta el Palacio de Holyrood. En esta calle, que se divide en 4 partes (Castlehill, Lawnmarket, High Street y Canongate) encontrarás las principales atracciones turísticas de la ciudad, edificios históricos, tiendas de souvenirs (principalmente tartán y whisky) y pubs.

La atracción turística más visitada de Escocia y visita obligada para los amantes de la Historia es el Castillo de Edimburgo. La entrada es un poco cara pero merece la pena. A parte de gozar de unas vistas espectaculares de toda la ciudad y los alrededores, te recomiendo que alquiles una audioguía (está en español, entre otros idiomas) para enterarte de todos los secretos que esconde este histórico lugar. El castillo fue un lugar destinado principalmente a fines militares desde su construcción en el siglo XII. Una de las cosas que más nos llamó la atención en el complejo del castillo fue el cañón One O’clock Gun, que se dispara cada día a la una en punto excepto los domingos, el día de Navidad y el Viernes Santo, desde 1861. Dentro de las murallas también encontrarás la capilla de Santa Margarita, el edificio más antiguo de Edimburgo, que fue construido alrededor del 1130 y donde en la actualidad suelen celebrarse bodas y bautizos. Además de las joyas de la corona y la piedra del destino, también podrás visitar el cementerio de mascotas. Este curioso rincón se creó en 1840 para que los soldados pudieran enterrar a sus animales de compañía, especialmente los perros, i solo existe otro cementerio de estas características en todo el país.

Sobre el 1500 se construyó el muro que rodeaba la ciudad para protegerla de los ingleses, pero la población de la Old Town no dejaba de crecer, por lo que empezaron a construirse edificios de hasta 12 niveles de altura. Estas construcciones dieron lugar a unos callejones (llamados closes) y zonas subterráneas donde vivía la población de menor poder adquisitivo, y donde la humedad y la suciedad se convirtieron en el caldo de cultivo perfecto para la propagación de enfermedades. A un lado y otro de la Royal Mile te encontrarás estos estrechos callejones que ahora son un reclamo turístico pero que durante los siglos XVI i XVII fueron el lúgubre escenario de terribles historias sobre asesinatos, muertes y pobreza. Algunos de estos close son de propiedad privada, pero hay otros a los que se puede acceder libremente como Mary King’s Close o Advocate Close, con unas vistas increíbles a la New Town.

Si te gustan este tipo de historias, seguro que también disfrutarás de la visita al mítico cementerio de Greyfriars y la prisión de los Covenanters, que se encuentra en su interior. Para enterarnos mejor de la historia de estos emblemáticos lugares, nosotros hicimos una visita guiada con City of the Dead. Optamos por el tour doble, que incluye la ciudad subterránea y el cementerio de Greyfriars, y nos pareció un acierto total. Los puntos negativos son que solo se ofrece en inglés y que no es barato, pero en mi opinión compensa porque accedes a lugares de la ciudad donde el tour gratuito no llega y entras en la prisión de los Covenanters.

Cementerio de Greyfriars

Si recorres toda la Royal Mile hasta el extremo opuesto al Castillo, llegarás al Palacio de Holyrood. A partir de la Edad Media, los reyes cambiaron el frío Castillo de Edimburgo por la confortable abadía de Holyrood, actualmente en ruinas. Hoy en día, el palacio de estilo clásico que ordenó construir Jacobo IV en 1503 sigue siendo la residencia oficial de la Reina de Inglaterra en Escocia, pero puede visitarse cuando ella no está en la ciudad. Junto al Palacio de Holyrood se encuentra el Holyrood Park, un parque enorme situado en una colina ideal para ir a andar, a correr, a merendar o simplemente a disfrutar de unas magníficas vistas de la ciudad. Si te gusta la naturaleza, también te recomiendo que subas a Calton Hill, desde donde también se contemplan unas vistas espectaculares, i que te des un paseo por los Princess Street Gardens, que separan la Old Town de la New Town.

Para completar tu visita a Edimburgo, no puedes dejar de maravillarte con el orden y la elegancia arquitectónica de la New Town. La Ciudad Nueva se construyó en el siglo XVIII al norte del núcleo antiguo para dar solución al grave problema de superpoblación que sufría Edimburgo en aquella época. Sus edificios de estilo neoclásico y georgiano conforman en la actualidad la zona comercial y de oficinas. Al margen de la calle de compras por excelencia, la siempre altamente transitada Princess Street, la New Town destila tranquilidad, grandiosidad y harmonía.

¿Te ha resultado de utilidad este post? ¿Conoces algún otro lugar emblemático de Edimburgo que no haya mencionado? ¡No dudes en dejarme tus opiniones y comentarios!

9 lugares que debes visitar en una ruta en bici por Berlín

Berlín es una ciudad llena de historia, cultura, arte, creatividad y gente guay que llega a visitarla desde todas partes del mundo. El pasado mes de junio, coincidiendo con la final de la Champions League (Fútbol Club Barcelona – Juventus de Turín) tuve la oportunidad de pasar cinco días recorriendo la ciudad en bici, y creo que es lo mejor que puedes hacer si no quieres perderte nada ni gastarte mucho dinero. Aquí te dejo 9 sitios increíbles que no puedes dejar de visitar si recorres Berlín en bici:

  1. El barrio de Neukölln. Fue el barrio donde nos alojamos. Además de ser un barrio lleno de bares y tiendas interesantes, y uno de los barrios más hipsters de la ciudad, los precios son más bajos que en el centro. Alojarnos en este barrio nos permitió ver el Berlín más auténtico y contemplar el día a día de las personas que viven en él. Si viajas solo, te recomiendo coger la habitación por Airbnb en un piso compartido, así puedes interactuar con gente autóctona e integrarte más en la cultura berlinesa. En Neukölln podrás encontrar tiendas de alquiler de bicis a precios muy asequibles, como por ejemplo Bike 44.
  2. La torre de telecomunicaciones de Berlín. En alemán, Berliner Fernsehturm, también conocida como Torre Alex, por su proximidad a Alexanderplatz. Con sus 368 metros, es actualmente el cuarto edificio más alto de Europa, y desde su esfera puede contemplarse toda la ciudad de Berlín a 360 grados. Las vistas son espectaculares y es muy recomendable visitarla el primer día para ubicar físicamente todos los destinos que hemos señalado para visitar en el mapa.
  3. El muro de Berlín. Construido por la República Democrática Alemana (RDA) en 1961 para supuestamente protegerse de los fascistas, este muro pasó a llamarse el Muro de la Vergüenza por parte de los medios de comunicación y de la opinión pública. En la práctica, la función del muro fue impedir la emigración masiva de personas que querían pasar del Este al Oeste. Recorrer la parte que se conserva del muro en bici es toda una experiencia y, prepárate, porque está tan decorado que vas a querer parar a hacer fotos en cada pintada.
  4. La hamburguesería Burgermeister. No exagero si digo que en este chiringuito cochambroso situado bajo las vías de Schlesisches Tor me comí la mejor hamburguesa que he probado en mi vida. Pese a la primera impresión, el sitio tiene su encanto, sobre todo si tienes la suerte de compartir una de las pocas mesas que hay; están muy codiciadas. Las largas colas que se forman para pedir una hamburguesa lo delatan. Sin duda una visita obligada en Berlín, tanto por la calidad de su comida como por la magia del sitio.
  5. Panorama Bar. Es la planta superior del Berghain Club, la meca del techno y uno de los clubs más de moda de la ciudad. El imponente edificio donde se ubica es la antigua central eléctrica de la Alemania del Este. Este club también se ha hecho famoso por la arbitrariedad en su política de acceso. Algunos consejos para entrar: vestir casual y en tonos oscuros, ir en grupos pequeños, no levantar la voz en la cola (especialmente si hablas español o italiano) y no dar señales de estar bajo los efecto del alcohol o las drogas. Si aún así no entras, hay otro club no muy lejos de Berghain que tampoco está nada mal y ponen menos pegas para entrar: el Suicide Circus. Tanto al uno como al otro se llega bien en bici y la puedes dejar atada en la entrada. Eso sí, no te pases con el Jägermeister, que luego tienes que volver a cogerla. Suicide Circus
  6. Badeshiff. Es lo más parecido a una playa que encontrarás en la ciudad de Berlín. Se trata de una piscina flotante con vistas al río Spree con un embarcadero de madera donde la gente toma el sol y una zona de arena y tumbonas, para que te sientas casi casi como en la playa. Badeshiff también se caracteriza por la buena música y el ambiente de gente cool. La entrada cuesta solo 5 euros (3 euros para estudiantes) y, si eres de los que no les va el rollo de quedarse todo el día tumbado al sol cual lagartija, puedes alquilar una tabla de SUP por 12 euros. El plan perfecto si visitas Berlín en verano.
  7. La Puerta de Brandeburgo. Situada en la Plaza de París, muy cerca del centro de la ciudad, esta majestuosa puerta se ha convertido en uno de los símbolos de Berlín y de Alemania. Fue construida entre 1788 y 1791 por el arquitecto Carl Gotthard Langhans siguiendo el modelo de la puerta de acceso a la Acrópolis de Atenas. La puerta consta de cinco pasos, de los cuales el central es el más ancho, y está coronada por la cuádriga, una escultura de cobre que representa a la diosa Victoria montada en un carro tirado por caballos en dirección a la ciudad. Ya que estás aquí, te recomiendo que te des un paseo en bici por Tiergarten, el principal parque de Berlín que se encuentra justo al lado de la puerta y que da nombre al barrio en el que se sitúa.
  8. El mercado turco de Maybachufer. La gran cantidad de inmigrantes turcos que residen en Berlín ha hecho que este mercado situado en la orilla sur del Landwehrkanal se convierta en uno de los más importantes de la ciudad. En esta ocasión, te aconsejo que dejes la bici atada en una de las entradas del mercado y lo recorras andando. Tendrás la oportunidad de probar comida turca hecha al momento (os recomiendo la kofta), comprar especias y telas de mil colores, saborear zumos naturales a precios irrisorios y hasta ver actuaciones de música en directo.
  9. El Monumento al Holocausto. Situado muy cerca de la puerta de Brandeburgo, es otra parada obligada para todo visitante de Berlín. Fue construido entre 2003 y 2005, y su nombre real es Monumento Memorial a los Judíos Asesinados en Europa. Se trata de una cuadrícula formada por 2.711 bloques hormigón de diferentes alturas que permite a los visitantes perderse formando su propio camino. Los sentimientos que se experimentan cuando recorres los estrechos pasos entre los bloques pueden ser muy diversos: angustia, agobio, desesperación, desorientación, soledad… En la parte subterránea hay un museo dedicado a las víctimas del Holocausto que merece la pena visitar. Especialmente escalofriante es la sala donde se muestran cartas que los judíos escribían a sus familias explicando la pesadilla que estaban viviendo.

¿Conoces algún otro lugar de parada obligada en Berlín? ¡Cuéntamelo en los comentarios de este post!

Cuando cambias Barcelona por Madrid

1. Descubres que el agua del grifo sabe bien.

No sé si es verdad o es una leyenda urbana, pero hay rumores que dicen que cuando bebes agua del grifo en “la capi” es como si bebieras Bezoya.

2. Descubres que tu pelo puede ser maravilloso.

No sé si es por el agua o por el clima, pero el caso es que el pelo es mucho más suave y con unas formas más definidas y armoniosas cuando vives en Madrid.

3. Los taxistas están “mu locos”.

En Madrid la mayoría de taxistas intentarán darte conversación, pero ésta no siempre será agradable. De hecho, hay un 99% de posibilidades de que te digan algo del tipo: “porque esto en tiempos de Franco no pasaba…”

4. Cuando ir por Preciados se convierte en una carrera de obstáculos.

Tendrás que esquivar a varios elementos habituales de la zona, como los “compro oro”, los hombres-pancarta que promocionan buffets libres o los captadores de ONGs que se las ingenian todas para conseguir que te pares.

5. Cuando te encuentras con personajes tan variopintos como los heavys de la Gran Vía, los “lazy beggars” o un chico sin brazos que hace mucho ruido moviendo un vaso lleno de monedas con la boca.

6. Cuando vas por Fuencarral y un hare krishna te dice que se te ha caído la sonrisa.

7. Cuando te pasarías horas observando los modelitos hipsters que se pasean por Malasaña…

8. … y otras tantas observando la elegancia de los modelitos que se pasean por Serrano.

9. Los gitanos vendiendo frambuesas a la salida del Corte Inglés de Goya.

10. Las cabras que chascan la mandíbula emitiendo un tétrico ruido en la Plaza Mayor.

11. Los bocadillos de calamares en la Plaza Mayor (¿alguien dijo café con leche?)

12. Cuando vas por la calle y de repente te cruzas con un famoso. Granvía

13. Cuando te compras una bici y después te das cuenta de que hay más cuestas de las que pensabas en la ciudad.

14. Cuando te roban la bici.

15. Cuando sales a tomar una caña después del trabajo y nunca sabes cómo acabará la noche.

16. Ponerse a hablar con cualquiera sin que se piense que vas a pedirle algo.

En Madrid es muy común hacer lo que denominamos “pandilla basurilla”, esto es, juntarte con uno y con otro a medida que avanza la noche y acabar de repente un grupo de personas, cada uno de su padre y de su madre, pasándolo maravillosamente todos juntos.

17. Cuando descubres que la tradición del “caganer” ha llegado a la capital en forma de “cagones”.

En el mercadillo navideño de la Plaza Mayor se pueden observar figuras parecidas al “caganer” pero de mayores proporciones y con caras de personajes famosos.

18. Cuando se acerca la Navidad y la gente empieza a ponerse cosas raras en la cabeza.

En Madrid existe la extraña costumbre de adornarse la cabeza con gorros en forma de árbol de navidad, orejas de reno, pelucas de colores cantones y otros motivos navideños (y no tan navideños) en estas fechas.

19. Que las calles estén llenas de gente incluso cuando el termómetro marca temperaturas bajo cero.

20. Que te pidan 300 euros por una habitación en la que tienes que agacharte para poder entrar.

21. Cuando descubres que la típica tienda de al lado de casa que abre hasta tarde y te puede salvar de más de un apuro no es un “paqui”, sino un “chino”.

22. Y que los que venden latas por la calle no dicen “sexy beer”, sino “selvesa”.

¿Tú también te has mudado a Madrid? ¿Hay algo más que te haya sorprendido de esta maravillosa ciudad? ¡Cuéntamelo en los comentarios!